El poliamor en primera persona: "A veces quiero dormir con Pablo y otras, con Sebastián".

    Cecilia Figioli llevaba seis años de pareja cuando decidió "abrirla a otras personas". Hoy vive con dos novios en una casa a la que acaba de sumarse una cuarta persona: la novia de su novio


    13/12/2018

    Cecilia es novia de Sebastián. Pero a su vez, es novia de Pablo, quien también es novio de Florencia, que es poliamorosa pero no tiene relaciones sexuales ni afectivas con Sebastián ni con Cecilia. Sin embargo, los cuatro conviven en una casa en el sur del Conurbano poniendo en práctica aquello de lo que los portales y la TV no dejan de hablar desde las declaraciones de Floencia Peña: el poliamor.

    ¿De qué se tratan este tipo de relaciones "abiertas"? ¿Cómo es el día a día de las parejas que la practica y que coexiste con otras, de modo paralelo pero a la vez simultáneo? ¿Cómo se rigen este tipo de vínculos en los que pareciera que no hay mas reglas que las que determina el deseo en su forma más intuitiva?

    "Al principio fuimos probando varias formas de organizarnos, porque vos te sacás toda la estructura de la monogamia de encima y ¿qué ponés en ese lugar?", se pregunta Cecilia, de 34 años. "Tratás de ser equitativo, por ejemplo, pensamos que podía dormir una noche con cada uno. Pero después me di cuenta de que no tenía ganas. Por ahí una noche quería dormir sola. No es que todos los martes voy a tener ganas de dormir con Pablo", explica con mucha naturalidad. 

    Y es que seguir precisamente las leyes del deseo, de hacer lo que tiene ganas sin recibir planteos a cambio, es lo que motiva a Cecilia a ser poliamorosa. Eso y la incomodidad que le genera lo que ella percibe como "posesividad enfermiza" en muchas relaciones monogámicas. 

    La gran pregunta

    ¿Cómo empezó a pensar en la idea de estar con otras personas mientras seguía de novia? Con la curiosidad que le generó hace siete años "conocer la forma de organización de otras sociedades", cuenta más desde el plano teórico antropológico al que suele llegar, según relata, impulsada por los intereses de su carrera de politóloga le fue forjando que al de la fantasía sexual. 

    "Todo empezó con una pregunta, fue más desde el lado intelectual que desde la fantasía. Con Pablo estábamos de novios hacía más de seis años en una relación monogámica y fiel. Pero a partir de que nos enteramos de que esto existía empezamos a charlarlo. Y, pensando en nuestras amistades, nos preguntábamos de manera bastante ingenua: che, ¿a vos no te gustaría darle un beso a tal persona? Nunca se planteó desde el lado de salir a tener relaciones por ahí porque tampoco es que nosotros estábamos aburridos o que teníamos una crisis, todo surgió porque en realidad teníamos una relación muy feliz y alegre. Nos sentíamos con la seguridad de hacerlo, de decir, si voy a besar a otra persona no voy a dejar de quererte".

    Fue así que Cecilia empezó a mirar a un íntimo amigo de la pareja con otros ojos. "Sebastián al principio no quería saber nada pero después lo fuimos hablando entre los tres y, luego de un año, finalemente yo me di un beso con Sebastián y ahí empezó todo. No estaba Pablo, fue una salida nuestra. Después Pablo empezó a salir con una chica que era amiga nuestra pero yo antes hablé con ella para que no piense que él me estaba metiendo los cuernos o que se estaba portando mal conmigo", recuerda Cecilia. 

    En la práctica

    Al principio no le resultó sencillo: tras seis años de pareja tuvo miedo de ponen en riesgo su vínculo amoroso. "La primera vez me dio mucha inseguridad, el no saber qué iba a pasar, si realmente iba a funcionar. Me empezó a dar miedo cuando las cosas empezaron a avanzar, como decir "¿funcionará este experimento que estamos haciendo?". Porque además son cosas que no se escuchan y no se hablan, parece que vos estás sola en el mundo y sos la única loca que está haciendo esto y después te das cuenta de que no es tan así. Hay un montón de gente. De hecho, la gente vive siendo infiel y no deja a su pareja. No es que por estar con otras personas dejan de querer al otro".

    Como si de una relación de pareja tradicional se tratara, su vínculo emocional con Sebastián siguió su curso. Pero nunca dejó de mantener la pareja con Pablo. Y al tiempo de mantener esta relación de múltiples aristas -una configuración que podría decirse que conviven armoniosa, pacifica, amorosa y deliberadamente dos relaciones de noviazgo y tres de amigos- consideraron que era hora de dar otro paso: se mudaron. Los tres.

    Otra vez las cosas se dieron con naturalidad para Cecilia: "con el tiempo él se fue quedadon más en casa, como cuatro veces a la semana, hasta que apareció la posibilidad de mudarnos y ahí tomamos la decisión de comprar una casa en la que pudieramos vivir los tres". Es grande y cada uno tiene su habitación. Si quiero traer a alguien tengo mi espacio. Es personal y vital. Así como cuando vos tenés hijos y lo ideal es que cada uno tenga su espacio, nosotros consideramos que esto es escencial" detalla y explica que, mediante esta disposición, es más sencillo que fluyan las relaciónes libremente ya que puede dormir con uno, con otro, sola o también en compañía de una persona por fuera de sus dos relaciones de pareja.

    Y si bien Cecilia sostiene que las relaciones poliamorosas son limitadas ("no tenés tiempo ni ganas de tener más relaciones porque implican tiempo, cuidado, amor contención. Ya no tengo capacidad para agregar gente") hace dos años Pablo conoció a Florencia. Y Florencia vive con nosotros. Así que somos cuatro. Pero Florencia no tiene relación amorosa ni sexual conmigo ni con Sebastián. Ella es la novia de Pablo pero sabe que lo comparte con nosotros. Ella también es poliamorosa y puede salir con quien quiera, cuando quiera, explica. 

    Con toda esta experiencia en su haber, Cecilia armó la organización Relaciones Abiertas, en donde circula información y asesoramiento en este tipo de vínculos. Su objetivo es además visibilizar que este tipo de vida - amorosa y sexual- existe: "lo único que yo quiero es que las relaciones que yo tengo se vean igual de legítimas que como si tuviera una. Yo no dejo de ser comprometida, responsable y no dejo de amar a Pablo y Sebastián porque son dos. De hecho, las relaciones de cualquier tipo son múltiples: vos tenés dos hijos, los amas a los dos, tenés dos amigas, las amas a las dos. Nadie te dice que hay que elegir. Ahora, cuando hablamos de pareja, todos te dicen "ah no, tiene que ser una" ¿por qué?, dice ella, que encontró el camino para formular otra respuesta. 

    Por Ludmila Moscato para La Nación